Nuestra hamburguesa

Desde las tiras de carne cocinadas bajo las monturas de los caballos mongoles, hasta la creación del Índice Big Mac que sirve para medir la competitividad económica de un país (¡ahí es nada!), nuestra amadísima hamburguesa ha conquistado kilómetros, estómagos y corazones. Pero, ¿cuál es su verdadero origen?

En la época romana, en tiempos del emperador Tiberio, aparecen referencias a la “Isicia omentata”, un plato compuesto por una mezcla de carne picada, vino blanco, pan, granos de pimienta y piñones.

En la Edad Media, el emperador mongol Gengis Kan extendió las fronteras “hamburgueseras” hasta Rusia y Ucrania. Pero claro, no se trataba ni mucho menos del plato que conocemos hoy en día: sino de unas tiras y pedazos de carne aderezados que se colocaban debajo de las monturas para que se cocinaran (o al menos ablandaran) con su propio calor —un invento que adoptado por los tártaros daría al parecer origen al famoso steak tartar—.

Los intercambios comerciales condujeron a estas “prehamburguesas” hasta Hamburgo, el mayor puerto del Viejo Continente, donde refinaron la receta introduciendo huevo a la mezcla original de carne picada.

Punto de partida a las Américas, desde allí viajó hasta los locales del puerto de Nueva York, donde comenzaron a servirse “filetes al estilo de Hamburgo” y a popularizarse entre los inmigrantes asentados en el Valle del río Ohio.

Pero, ¿a quién se le ocurrió colocar la carne entre dos rebanadas de pan? La verdad es que no está claro. Son varias las comarcas de EEUU que se apropian el invento. Entre otras, la ciudad de Hamburg, en Nueva York, que alega ser la que inventó este “sándwich de carne molida”, y que fue precisamente éste el que dio nombre a la ciudad.

Lo que sí está claro es que la hamburguesa empezó a popularizarse a finales del siglo XIX y principios del XX, unida al ritmo de vida más acelerado que imponía la industralización. Una carta del Restaurante Delmonico´s del año 1834 es el documento más antiguo donde se ofrece una hamburguesa.

Pero, sin duda, fueron los hermanos Richard (Dick) y Maurice (Mac) MacDonald quienes lograron hacer de la hamburguesa la reina indiscutible de la comida rápida en todo el mundo. Tras abrir su primer restaurante especializado en 1940 en San Bernardino, California —en plena Ruta 66—, la cadena dio el salto cualitativo en 1955 al inaugurar su primera franquicia.

Hoy, la mítica hamburguesa se emplea incluso como medidor de la competitividad económica de un país. ¿Cómo? Mediante el “Indice Big Mac”, que calcula cuánto vale (en dólares) la Big Mac en los distintos lugares del mundo, lo que permite comparar de alguna forma el coste de la vida en cada uno.

Sin embargo, en los últimos años la hamburguesa está dejando a un lado su papel estrella en el mundo del fast food para adoptar un rol muy diferente: el de alimento gourmet. ¿Los motivos? Un nuevo de tipo de restaurantes y locales que apuestan por la calidad de la materia prima y por una nueva forma de trabajar con ella. Ven a Baravaca a probar nuestra hamburguesa y disfruta de un plato exquisito con ese toque secreto que no encontrarás en ningún otro lugar.